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GÜEMES, EL POLÍTICO

Por: Inés Pereyra Rozas

Un hombre como Martín Miguel de Güemes, en quien depositó su confianza el Gral. José de San Martín; un hombre con quien el Gral. Manuel Belgrano mantuvo contacto y cercanía constante; un hombre sobre quien en un momento de la historia americana pesó la responsabilidad de la independencia; un hombre que no luchó para sí, ni para su región, sino para América toda, no puede ser solamente un soldado que se hace valer por sus armas. Un hombre así debió tener ideas muy claras para actuar, debió tener un pensamiento político definido. No se puede explicar de otro modo su fundamental actuación en el camino de la Independencia de América.

GÜEMES

Muchos títulos de trabajos publicados insisten en el aspecto de mayor resonancia externa: el de guerrero, de defensor de la frontera norte, de caudillo y de gaucho por autonomasia. En otros casos se le niega directamente también esa actitud que, quiérase o no, es evidente a través de la historia.

Ese desconocimiento del Güemes auténtico, el estratéga también fue el motivo de las actitudes de renombrados personajes jujeños y salteños durante su gobierno, especialmente durante los años del 19, 20 y 21. Toda esta gente conoce a Güemes a través de las leyes que los obliga a sostener una guerra con sus recursos propios. Nunca captaron el sentido americano y nacional de la obra de Güemes, para la cual hay que sacrificarlo todo y en eso, Güemes fue el primero en dar el ejemplo.  Pese al sentido de “Patria Nueva”, existía una miopía tremenda de realidades.

Quien conoció y compartió el pensamiento político/estratégico Güemesiano, junto a San Martín y Belgrano, fué el pueblo gaucho. Hombres y mujeres sencillos, de trabajo, que lo abandonaban todo para seguir sin preguntar adónde, sin pedir nada, ofreciendo sus recursos y hasta su vida. Es por esto que Güemes no titubea en llamarlos “mis gauchos”, como parte de su vida misma; dividiendo la comida, los dolores y las ansias de quien lo exponía todo en bien de la causa común.

“Por mis merecimientos y servicios, no he recabado papeles, ni solicitados premios, ni distinciones, pues hasta el tratamiento de Coronel Graduado que me da V.E., me avergüenza, porque nunca he deseado ser vano, sino bueno, un soldado de la Patria y un ciudadano honrado” (contestación de Güemes al Director Interino del Estado, Álvarez Thomas)

Un hombre de la personalidad y de los merecimientos de Güemes, que se exprese así, necesariamente tenía que chocar con mucha gente de su tiempo.

A estas reflexiones hay que añadir la idea y la convicción de muchos hombres de Buenos Aries y de sentir porteño, que englobaban a todos los hombres del interior, contrarios a su hegemonía, como incapaces de un gobierno propio. Y cuando se dieron cuenta de las personalidades que existían en las provincias orientales y en el interior y norte de la Patria, entonces no pudieron sufrir la rebelión federalista y fomentaron largas luchas intestinas, que desangraron las Provincias Unidas a total beneficio de la defensa del poder de España en América.

La pregunta: ¿qué hubiera pasado, si las fuerzas de las Provincias Unidas se hubiesen volcado en su totalidad hacia el norte? es lógica; y también su respuesta.

EL POLÍTICO

Limitar a Güemes a la simple definición de “caudillo”, reduciendo su valía a ser un paladín de los derechos salteños, es negar la responsabilidad que cargó en su espalda durante toda su vida, la de ser un auténtico defensor de los derechos de América.

Y en este pensamiento reside toda la fuerza y la perennidad histórica de la personalidad de Güemes. Güemes es un hombre con ideas políticas bien claras, adquiridas en sus andanzas por distintas regiones, en su permanencia en la gran metrópoli, al contacto con las nuevas ideas y también a sus estudios de orientación militar, posee una cultura humana, profundamente política, que pondrá en juego en el momento oportuno, durante su gobierno, en la provincia de Salta.

Güemes se manifiesta y actúa guiado por un hilo conductor, por un verdadero pensamiento político coherente, que no mira los intereses de su provincia sino los de América toda. Tal vez molestó que un hombre del interior, uno que no estaba en contacto con las “luces” que provenían de Europa, estuviera en condiciones de dictar cátedra sobre problemas políticos y la conducción de una campaña.

Asumió sus responsabilidades militares, pero nunca dejó de bregar por la felicidad de sus súbditos, respetando las leyes y las autoridades, en cualquier ocasión, en la convicción profunda de ser ante todo y sobre todo: un gobernante. Llegamos al Güemes, hombre político, que las necesidades del momento llevo a empuñar las armas para defender los derechos que surgían con las nuevas naciones.

Una política seria se basa sobre le sentido de servicio por el cual el gobernante se pone a disposición de su pueblo para ayudarlo a conquistar su propio bienestar, pues para eso se lo eligió. Y este sentido de servicio no puede desconocer los derechos fundamentales de la persona humana siempre con relación al bien de la comunidad.

EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE GÜEMES

El pensamiento político de Güemes responde a una concepción seria y con fundamentos doctrinales, basados en los principios de la dignidad de la persona humana, del bienestar de su pueblo, todo el pueblo americano, trabajar en el objetivo del bien universal.

Para esto su preocupación social orientada a aliviar la pobreza ajena; para esto, ese insistir ante los hermanos de su patria chica y de su patria grande para conseguir una autentica unidad a través de un Congreso con la participación de los pueblos de América; para eso lo conceptos vertidos en los mensajes a todos los pueblos del continente enrostrándoles su indolencia frente a las necesidades de los hermanos de América.

Este es el Güemes auténtico, el humano, defensor de los derechos de vida que han llenado los derechos de nuestra independencia; el Güemes político.

“San Martín, Bolívar y Güemes, forman por la magnitud de la obra realizada…la trípode glorioso sobre el que descansa, por los siglos el augusto edificio de la independencia americana” (Dr. Bernardo Frías)